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Los
sabores determinan el tipo de bebida
¿Alcohol o cafeína? Si no conoces las razones que te
hacen preferir un tipo de bebida frente al otro, aquí
te diremos por qué...
En general, los aficionados al azúcar suelen visitar
más la despensa en busca de galletas, caramelos y
bollos, y los amantes de la sal frecuentan con mayor
asiduidad el frigorífico, en buscas de mariscos,
mayonesas y aperitivos, aunque hay excepciones como
los frutos secos y los refrescos.
Para la experta, la doctora Luz García, médica
nutricionista del centro médico-estético Orel, de
Madrid, "el consumo preferente de uno u otro sabor
determina el tipo de bebida más usual: quienes
prefieren lo salado tienden a tomar más alcohol, como
cervezas y vino para acompañar el aperitivo o la
carne. En cambio, los inclinados por los dulce suelen
tomar más bebidas con cafeína: desde refrescos de cola
hasta el típico café con leche con un croasán".
Además de influir en el sobrepeso, el consumo excesivo
de alimentos con predominio de uno otro sabor, tiene
efectos perjudiciales en la salud.
"La sal favorece la hipertensión arterial y la
retención de líquidos. Aunque se cree que sólo una
dieta rica en carnes rojas y aceite eleva el
colesterol, la dieta dulce también eleva los niveles
de esta grasa que se acumula en las arterias y aumenta
el riesgo cardiovascular, porque la mantequilla que
acompaña la tostada con dulce, así como los aceites
que contiene la bollería industrial son ricos en
grasas saturadas", dice Luz García.
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Esto afirma a EFE-Reportajes la doctora Luz García,
médica nutricionista del centro médico-estético Orel,
de Madrid, para quien “el ser humano posee una gran
capacidad de adaptación fisiológica a diversos tipos
de alimentación, la cual marca sus gustos o
preferencias hacia comidas más dulces o más saladas".
Inclinación hereditaria
Además de por factores biológicos, como la inclinación
hereditaria por un determinado tipo de alimentación,
las preferencias por lo dulce o lo salado las
determinan los hábitos alimentarios familiares, es
decir por lo que se acostumbraba comer en casa cuando
éramos pequeños y jóvenes, y lo cual nos fuimos
habituando a comer.
“Aunque también influye en nuestras preferencias
gastronómicas el estilo de vida, ya que la dieta de
quien suele comer en su casa y la de quien lo hace
fuera, en bares y restaurantes, difieren bastante",
explica la doctora García.
Pese a que los hábitos alimentarios aprendidos en la
infancia en la familia marcan las preferencias para el
resto de la vida, ello no quiere decir que todas las
dietas proporcionen una buena salud: “por mucho que
nos adaptemos a ciertos alimentos si no son los
ideales, como ocurre con los de origen animal,
seguimos necesitando las frutas y verduras, que son
más saludables".
Tentarse sin pasarse
Una de las claves para no atiborrarse de alimentos
de modo que ello repercuta en la balanza, consiste en
caer en la tentación pero sin pasarse, ya se trate de
comidas o bebidas dulces o saladas.
Para García, “la clave de todo programa para adelgazar
consiste en restringir el consumo de las familias de
comidas que más aportan calorías vacías, es decir las
que no nutren pero aportan una gran cantidad de
energía, que se acumula en forma de grasa en ciertas
zonas de nuestra anatomía”.
La eficacia de un régimen depende de incentivar la
quema de las reservas de grasa, a las cuales recurre
el organismo cuando para funcionar ya no le resulta
suficiente la energía que recibe por medio de la
comida: ello se consigue combinando una dieta baja en
calorías, con un ejercicio físico adecuado y regular.
Las calorías vacías
Las tres familias "de las calorías vacías", que
aportan calorías pero no nutrientes, en las que se
incluyen tanto alimentos dulces como salados, son las
harinas, en las que se incluyen los bollos, las
galletas, el pan blanco y las pastas, los dulces, a la
cual pertenecen el chocolate, las golosinas, los
postres y helados, así como el alcohol: entendido como
cervezas, vino y licores.
Según la nutricionista, además de las costumbres
alimentarias “hay ocasiones en las que el cuerpo pide
más dulce, por ejemplo después de hacer ejercicio o de
tomar un postre tras la comida, o cuando se atraviesan
estados de ansiedad o se está en época de exámenes.
Además, la mujer suele tener más ansia de dulces
durante la regla o en la menopausia”.
Cuanto más deporte, más dulce
El deporte o la gimnasia aumentan la apetencia por los
alimentos dulces: cuánto más ejercicio se practica,
más azúcar requiere el organismo. Esa necesidad
aumentada de azúcar, los deportistas o la gente
habituada a la actividad física, suelen saciarla con
opciones menos calóricas como las frutas.
En todo los casos, "el mejor dulce siempre es la
fruta, que constituye la forma más saludable de
ingerir azúcares y satisfacer el deseo natural por
saborear alimentos dulces. A igual cantidad de
calorías, el azúcar natural de la fruta se aprovecha
mejor y engorda menos que el azúcar común", señala la
experta.
Mejor la miel que el azúcar
Si se quieren endulzar los alimentos, se puede
utilizar el azúcar moreno o la miel, porque a igualdad
de calorías son más saludables que el azúcar blanco,
que al igual que las harinas refinadas, solo aporta
calorías desprovistas de valor nutritivo.
"Si le apetece mucho el dulce: ¡coma fruta: una, dos,
tres piezas... Nunca llegará a la cantidad de calorías
de un bollo o de un chocolate, los cuales además
contienen otros productos, como grasas, huevos,
conservantes y edulcorantes, los cuales pueden
multiplicar por cuatro el número de calorías", señala
García.
Las apetencias por lo salado, a veces se deben a la
necesidad de sal del organismo: por tensión baja o
falta de oligoelementos.
Al igual que los azúcares esta preferencia también
obedece a las costumbres alimentarias familiares:
aliños excesivos en las comidas o uso frecuente de
vinagretas o salazones, lo que exige siempre sabores
fuertes en las demás comidas.
Según García, "las personas con preferencia por lo
salado son muy dadas al picoteo: unas aceitunitas, una
rodajita de chorizo, unas patatitas fritas, unos
pistachitos.... Pero en vez de estas bombas calóricas,
se puede tomar un tomate con aceite de oliva y sal, lo
cual es nutritivo, saciante y bajo en calorías”.
Para la médica experta en nutrición Marta Aranzadi,
directora del Centro Diet Cathering, de Madrid, "la
clave consiste en equilibrar los alimentos dulces y
salados, de modo de satisfacer las ansias de sabor sin
caer en desbordes que provoquen sobrepeso, haciendo
especial hincapié en tener cuidado con los azúcares,
hacia cuyo consumo excesivo es más proclive la mayoría
de la gente y que constituyen la principal amenaza
para el peso".
Marta Aranzadi enumera a EFE-Reportajes una serie de
estrategias para evitar ganar peso sin sacrificar el
paladar, según predominen las apetencias por los
alimentos dulces o salados, así como los alimento que
conviene consumir.
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