:: Nutrir bien desde la infancia
La lactancia materna es el mejor alimento que un niño puede recibir apenas nace. Solo en casos excepcionales la ingesta de fórmulas infantiles son un recurso.
El niño desde que nace, necesita recibir una alimentación que contenga los nutrientes necesarios para asegurar el crecimiento y desarrollo de su sistema nervioso, así como un desempeño óptimo de su función psicomotora, afectiva e intelectual, durante su vida.
La leche materna es el mejor alimento. Es nutricionalmente superior a cualquier otra alternativa, es bacteriológicamente segura y está siempre fresca. Contiene gran variedad de factores antiinfecciosos y células inmunitarias, produce menos riesgo de alergias que cualquier otro alimento para lactantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna durante los seis primeros meses de vida del bebé, y continuarla en combinación con otros alimentos hasta los 2 años de edad.
La doctora Miriam Serrano, neonatóloga del Hospital de Niños Francisco de Ycaza Bustamante, sostiene que todas las madres están aptas biológicamente para dar de lactar, una experiencia de la que ninguna madre se debe privar, pues además de favorecer el vínculo afectivo entre madre e hijo, los niños que han sido amamantados tienen un mayor coeficiente intelectual. Así lo confirman diversos estudios realizados internacionalmente.
El banco de leche materna, dice el doctor Luis Arroba, pediatra del hospital Roberto Gilbert, es una opción para las madres que trabajan, pueden optar por extraer la leche de sus pechos y guardarla en recipientes esterilizados; si la refrigera perdura hasta 2 horas después, o congelarla, dura 3 meses.
Sin embargo, cuando por diversos motivos (poca o nada producción de leche, reinserción al trabajo, etc.), enfermedades como la hepatitis o el sida, el bebé no pueda beneficiarse de la leche materna, el pediatra indicará alguna leche de fórmula "que le proporcione los nutrientes necesarios para asegurar un desarrollo corporal y en particular de su sistema neurológico, similar al que pudiera tener con la leche materna", explica el doctor Pedro Gutiérrez Castrellón, pediatra mexicano con una maestría y doctorado en investigación para la salud, con énfasis en nutrición.
Aunque pediatras e investigadores están conscientes de que no hay nada que se compare a la leche materna, la investigación científica en el campo de la nutrición infantil ha permitido establecer los requerimientos óptimos de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales, en cada una de las distintas etapas de crecimiento de los niños.
Se destaca, asimismo, la importancia de otros nutrientes que están en la leche materna y que adicionados a fórmulas infantiles pueda garantizar un óptimo desarrollo del infante, libre de infecciones y de enfermedades en la edad adulta. Entre estos se mencionan los ácidos grasos Omega 3 y 6, los nucleótidos, el hierro, la taurina, la carnitina y la colina.
Los ácidos grasos
Explica el pediatra mexicano, que el cerebro es un órgano muy rico en lípidos (grasas), y que en su composición predominan los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6, los cuales participan en la estructura de las neuronas, su mielinización y funcionamiento; además, son fundamentales para la visión.
Durante el último trimestre del embarazo y los primeros tres años de vida, el cerebro del niño triplica su tamaño hasta alcanzar casi los 100 mil millones de neuronas que posee el cerebro de un individuo adulto.
Por tal razón no debe faltar durante el embarazo y después del parto la ingesta de estos ácidos que se encuentran de manera natural en el pescado. Y que el bebé los adquiere a través de la leche materna.
De no ocurrir así, dice el especialista, ya que en los países de Latinoamérica el consumo de pescado es bajo, una alternativa son los productos industrializados que los contienen, de tal manera que puede complementar el amamantamiento con alguna de las fórmulas lácteas.
Otro beneficio que se cita de los ácidos grasos poliinsaturados (pufas) como nutrientes es que al consumirlos desde edades tempranas ayudan a prevenir la hipertensión arterial.
Los nucleótidos y simbióticos
Los nucleótidos son sustancias que están presentes en la leche materna, y que incluidos en fórmulas infantiles en las dietas del bebé estimulan sus defensas, haciéndolos menos propensos a diarreas y problemas respiratorios.
Los nucleótidos son las unidades básicas de los ácidos nucleicos DNA y RNA, y por ello son indispensables para la multiplicación celular. El suministro adecuado en cantidad y diversidad a los lactantes, tal como los brinda la leche materna, contribuye al desarrollo de su sistema inmune, medido en la capacidad del niño para generar anticuerpos (defensas), ante el desafío de las vacunas, o de las infecciones.
Libre de infecciones estomacales
Pasados los seis meses de edad el niño empieza a complementar su alimentación de leche materna con la ingesta de vegetales, cereales y frutas. A medida que va creciendo, las guarderías o preescolares se convierten en su "segunda casa', y también son el medio a través del cual pueden adquirir infecciones estomacales.
Entonces, los probióticos (bacterias benéficas que promueven la salud intestinal) y los prebióticos (fibra no digerible que alimenta la flora intestinal) son una herramienta dietética disponible en alimentos como las frutas, cereales y vegetales como alcachofas, que a esa edad es muy difícil que los pequeños ingieran de manera natural. Entonces incluirlos en la dieta, consumiendo yogures con dichas sustancias, por ejemplo, ayudará a prevenir diarreas e infecciones.
Sin efectos graves
El uso de estas sustancias en la industria alimenticia son inocuas, dice el doctor Gutiérrez. Indica que durante los 25 años de investigacion científica, no se ha presentado ningún tipo de rechazo o efecto adverso grave. Manifiesta que desde el Centro de Análisis de la Evidencia en México, a diferencia de otros organismos que solo se fijan en investigaciones realizadas en Europa o EE.UU., ellos procuran tomar en cuenta investigaciones realizadas en países como Ecuador, Venezuela, Brasil China y México que tienen estudios de alta calidad donde se ha evidenciado la eficacia y por otro lado la seguridad de que las sustancias que se adicionan a las fórmulas infantiles sean lo más similares a la leche materna, y por lo tanto funcionen y sean seguras para un desarrollo óptimo del niño.
"El concepto de programación de ingredientes nucleótidos: hierro, taurina, colina, ácidos grasos poliinsaturados pueden establecer la diferencia en el presente y ayudarnos a prevenir enfermedades en el futuro".
Cuidado con la leche de vaca
Los especialistas no aconsejan alimentar a los niños con leche de vaca porque no es un alimento rico en hierro y, si bien el niño nace con una reserva de este nutriente que satisface sus necesidades durante los primeros meses, requieren un aporte suplementario del mineral en su dieta.
Pero, ¿la leche de fórmula se elabora con leche de vaca? preguntamos. Al respecto, el doctor Gutiérrez dice que la industria alimentaria para la elaboración de los citados productos extrae de la leche de vaca solo ciertos alimentos nutricios, evitando aquellos que provocan alergias o intolerancia.
Otros nutrientes
La taurina es un nutriente importante en la dieta de los lactantes para el desarrollo del sistema visual, el funcionamiento de la retina y su protección ante la luz ultravioleta, así como para el aprovechamiento óptimo de los lípidos.
La colina. Es un nutriente comprometido con una amplia diversidad de funciones del organismo. Es un donante de unidades de carbono, para la construcción de nuevas células y de otras sustancias estructurales y funcionales.


