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:: Existen hijos preferidos

No es inusual que una hija diga algo como ‘mi mamá le prefiere a mi hermano’ , o que un hijo diga ‘mi ñaña es la favorita de mi papi’. Y es que, a pesar de que los padres suelen insistir en aquello de que quieren a todos sus hijos por igual y posiblemente así sea, lo que sucede es que los quieren de manera diferente porque es humano que se inclinen más o se lleven mejor con el hijo o la hija, con quien existe mayor afinidad y, por ende, las relaciones se hacen más fáciles, hay más camaradería y menos controversia.

Según lo manifiesta la reconocida psicóloga Annie de Acevedo en su libro ‘Casos y cosas, la realidad de los niños y los jóvenes de hoy’, del Grupo Editorial Norma, “el tratamiento preferencial varía enormemente. En algunos casos se le da más atención al pequeño o al más débil o más tiempo a aquél que se encuentra más necesitado. En muchos casos el tratamiento especial es de corto plazo, pero puede afectar negativamente a los otros hijos.

Cada hijo siempre quiere ser lo más importante para sus padres y, por lo general, son muy sensibles a todo lo que consideran una desigualdad. Para los padres es difícil repartir equitativamente la atención, pues, a medida que cada hijo crece, surgen diferentes temperamentos y necesidades que hay que atender. Es iluso pensar que podemos ser siempre tan justos como nuestros hijos quisieran. Por definición, manejar a los hijos con igualdad es darle a cada uno lo que necesita según sus debilidades y fortalezas, y no darles exactamente lo mismo”.

Asimismo, Ángela Marulanda, conocida psiconalista asegura que “Sentir preferencia por alguno de los hijos no es una deformación del amor paterno ni nada que se le parezca. Así como entre las amistades o entre los hermanos hay uno con quien tenemos mejor química, con los hijos pasa exactamente lo mismo. No hay que sentirnos culpables, pero sí tenemos que estar atentos a nuestras demostraciones, para evitar herir a aquellos con los que no tenemos tanta afinidad”.

Es cierto que los hijos no siempre ven las cosas con la claridad que los adultos quisieran que las vean y por ello, un conflicto entre ‘el preferido’ y los otros pudiera terminar en un estallido de celos y rivalidades que, si no se superan a tiempo, pudieran convertirse en un problema de siempre.

La gran mayoría de especialistas concuerda en que lo más importante es tener clara conciencia de que las diferencias existen pero solo en cuanto al tipo de vínculos, no en cuanto a la cantidad de amor ni de oportunidades que se den a cada uno. Los hijos, por ejemplo, deben saber que hay cosas (permisos, libertades) que no dependen de los padres sino de cómo los chicos lo manejen. No se trata de privilegios sino de derechos que se van ganando o no en función de los comportamientos.

Si esto queda claro y está entendido por padres e hijos, aunque exista algo de celos nadie se va a sentir desplazado y, de esta manera, la convivencia será más fácil, pues cada uno se sentirá querido y valorado por ser quien es.
La verdad es que a menos de que se trate de un hijo único, la rivalidad siempre estará presente.

TENGA EN CUENTA

El favorito Gana protección, cuidado, demostraciones de afecto, pero pierde una buena relación con sus hermanos y puede ser víctima de una dependencia nociva de los padres.

El no preferido Gana autonomía e independencia y como tiene que solucionar las cosas por su cuenta, se entrena para la vida en el mundo real. Pierde un buen vínculo con ese hermano favorito de quien siente celos y tiene dudas del cariño de sus padres.

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