:: La batalla a la hora de comer
Según especialistas consultados, la disminución del apetito en los niños podría producirse por problemas de salud o trastornos del ánimo por estrés.
La escena se repite en el desayuno, el almuerzo y la cena. Llanto, mala cara y la constante negación a comer se ha convertido en la batalla que los padres deben librar con sus hijos inapetentes, especialmente cuando tienen edades comprendidas entre 2 y 8 años.
Justina Cabezas, por ejemplo, no sabe qué hacer cuando su hijo Leonardo, de 2 años, se niega a probar alimento. Como ella, otras madres enfrentan el mismo problema sin obtener las respuestas necesarias para afrontarlo.
Cuando llegan casos parecidos a su consulta, Piedad Torres, pediatra de la clínica Alcívar, descarta primero cualquier problema fisiológico que pueda causar la disminución del apetito en el niño.
Según un estudio realizado por la especialista en el 2006, entre las afecciones más comunes presentadas por los menores con problemas para comer constan la infección de las vías urinarias y la intestinal, además de casos de parasitosis.
Torres menciona que el 60% de sus pacientes llegan a consulta por falta de apetito. “El 38% tiene infección de las vías urinarias. La mayoría de los niños llegan desnutridos y con vómito”, señala Torres.
Miriam Lindao, nutricionista, indica que otra causa de la falta de apetito en niños de 3 a 5 años es la presencia de una anorexia fisiológica. “El crecimiento empieza a hacerse lento y el cuerpo del niño tiene menores requerimientos nutricionales, por ello se reduce el apetito”, explica.
Durante los 2 y 5 años, la mayor parte de los niños ganan entre 1 y 2 kilos por año. Este ritmo de crecimiento es solo el 20-30% del que tienen durante su primer año de vida.
En estos casos es recomendable disminuir las raciones. “Necesitamos formar los hábitos del niño, enseñarle a consumir comida nutritiva. No debemos acostumbrarlos a la comida chatarra”, anota Lindao.
Otro error común en el que suelen incurrir los padres es dar a sus hijos mayores de 2 años la comida licuada para que puedan ingerirla con facilidad, destaca Lindao. “Si todavía se les da licuado el niño sigue siendo tratado como un bebé; esa textura ya no es para ellos; cuando ya tiene dientes, debe utilizarlos”, aconseja.
Los especialistas también recomiendan crear buenos hábitos alimenticios como suprimir golosinas antes de comer.
El factor emocional repercute también en la actitud del niño frente al ritual alimenticio.
Según el psicólogo Lenin Salmon, existen diversos escenarios que influyen en el niño. El descubrimiento del ‘no’ lo hace creer que puede controlar su vida a través de la decisión de comer o no hacerlo.
El ambiente en el que se desarrolla la hora de la comida debe estar libre de tensión, peleas o reclamos de los padres hacia sus niños, refiere Salmon.
“Si el ambiente es desagradable el niño sabe que va a ser una batalla.
Sabe que va a terminar con gritos. Esto le puede crear una actitud pesimista, tanto más si no hay un manejo inteligente de la situación por parte de los padres”, enfatiza.
A la mente de Salmon salta la frase pronunciada en varias generaciones: “No te levantas de aquí hasta que no termines”, una advertencia que podría ser la causante de un bloqueo en el niño por estrés.
Recomendaciones
1. Variedad
El menú debe ser variado y además contener alimentos que gusten al niño. Los padres podrían hacerlo participar en las compras.
2. Ambiente
En la hora de las comidas hay que procurar un entorno agradable para los infantes, se debe hablar de cosas positivas. “Es bueno elogiar al niño por lo que ha venido haciendo”, indica el psicólogo Lenin Salmon.
3. premio o castigo
La comida no debe convertirse en el premio o castigo del niño.
4. Frustración
No se debe dar la sensación de que el niño ha fallado al no comer.


