:: Miguel Bose, Un divo provocador
Durante dos horas, el cantautor español mantuvo encendidos los ánimos de los asistentes.
Provocador y provocativo son dos adjetivos que le calzan perfecto al español Miguel Bosé, quien el sábado anterior demostró en Quito, cómo a sus 52 años, 30 de estos de trayectoria, sigue conduciendo con maestría el ánimo y las emociones de sus seguidores.
En esta ocasión fue un coliseo general Rumiñahui repleto, (en la capacidad habilitada). Cerca de 14.000 espectadores, la gran mayoría ni se sentó, ni paró de cantar durante las dos horas del show. Las reacciones al final fueron compartidas: el común denominador regresaría a verlo cuando vuelva a presentarse.
El concierto de Bosé fue un espectáculo con un toque teatral, actitudes dramáticas, otras ambiguas; con un despliegue de luces y colores brillantes; además, con el sentido del humor del cantautor, que aunque no lo expresó verbalmente, lo hizo notar realizando lo que le dio la gana sobre el escenario.
La gente lo vio saltando, girando sobre su propio eje, moviendo el trasero, conversando con sus músicos, y hasta desfilando como si estuviera sobre una pasarela. Cada gesto o actitud provocaban gritos de histeria y ovaciones.
Ni la lluvia, ni el frío, ni el congestionamiento vehicular, ni la escasez de taxis esa noche en la capital, impidieron que ecuatorianos de varias provincias que disfrutaban del feriado acudieran puntualmente a la esperada cita, que abrió con la actuación de Israel Brito. Bosé lo hizo media hora más tarde, a las 20:55, con Sereno, y en actitud serena, acompañado de cinco músicos y dos coristas.
La actitud y los ánimos fueron cambiando con el paso de las canciones y la gama de tonos que pintaba el escenario.
Vestido de negro entero, al igual que sus músicos, excepto Pedro Andrea, (guitarrista que salió sin camiseta); Miguel lució barba el estilo candado, además de algunos kilos ganados que no le impidieron ejecutar ágiles movimientos. En una segunda salida, usó una camisa de color blanco.
El autoproclamado Papito, en el CD que celebra sus 30 años de carrera, se mostró provocador: con ademanes femeninos, gestos de flirteo hacia sus músicos o poses de diva al final de sus interpretaciones. También fue provocativo: con giros, meneos, movimientos, gestos masculinos o cuando llevaba sus manos a sus partes privadas.
Sobre el escenario y con sus músicos desplegó coreografías teatrales, con pausas y movimientos lentos sincronizados con la música y las luces. En el fondo una gran pantalla movible presentaba, formas e imágenes relacionadas a los temas.
Tras Duende y Nena, se dirigió por primera vez a los presentes y los invitó a viajar por su trayectoria: “Gracias a todos y todas, hoy después de 30 años, estoy aquí porque me habéis apoyado incluso en los momentos más suicidas...”.
El artista dijo que se destaparían emociones; y en un salto hacia el pasado recordó Linda, Teorema, Amiga, Creo en ti, Morir de amor y Te amaré; aunque expresó que es hora de dejar partir los recuerdos que vienen a la mente al escuchar estas canciones.
En el repertorio de 25 temas interpretó Si tú no vuelves, Bambú, Sevilla, Morena mía, Partisano, Nada particular, La belleza,Los chicos no lloran, Como un lobo, Olvídame tú, Hijo del Capitán Trueno y Amante bandido.
Aunque para muchos faltaron las melodías Manos vacías y Hojas secas; el recital cerró conDon Diablo, dejando ver a un Miguel Bosé maduro, divertido, introspectivo y cuestionador; que en los años que lleva cantando ha mostrado ser un poco diablo, sereno, bandido, lobo, hijo de trueno, Gulliver y también papito. No fue casualidad que el público lo hizo regresar tres veces.


