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:: Realmente perdio Chávez

A más de 48 horas de la estrecha pero sorprendente victoria del No al referendo convocado por el presidente Hugo Chávez, la calentura política empieza a ceder ante el vendaval del comercio navideño y la necesidad de analizar con serenidad qué fue realmente lo que pasó en esa fecha que los venezolanos recordarán por mucho tiempo: el 2 de diciembre (D2).

En las calles el ambiente es distendido y festivo. Un diario de oposición recordó ayer un reciente estudio de la ONU, donde se calificó a los venezolanos como uno de los pueblos “más felices del mundo”.

No les falta razón. En medio de anticipados deseos de una feliz Navidad a todos, los chavistas acusan el golpe pero empiezan a recuperar la sonrisa: aún tienen el poder en sus manos y les quedan cinco años de gobierno.

Además de la fe en que su líder recuperará pronto la confianza de los tres millones de votantes que esta vez se abstuvieron de apoyarlo, tienen claro que la actual Constitución, expedida en 1999 y que Chávez lleva consigo en una versión pequeña tipo Biblia, faculta al Presidente a dictar “leyes habilitantes” para que las apruebe la Asamblea (con mayoría gobiernista) e incluso tiene poder para convocar a una asamblea constituyente.

De la otra orilla, el joven alcalde Enrique Capriles, una de las nuevas figuras de la oposición, dice estar tranquilo porque “se ha empezado a construir un movimiento democrático amplio y renovado”.

Capriles es alcalde del municipio caraqueño de Chacao, donde habitan cientos de familias de clase alta en hermosas mansiones y cuyos moradores anoche seguían celebrando en el luminoso parque de Altamira. La gente bailaba al ritmo de un disyóquey que hacía sonar la canción ‘Hoy todo me parece más bonito’.

Globovisión, el canal de noticias opositor a Chávez, realizó anteanoche un sondeo que preguntaba a su audiencia: “¿Cómo se siente usted hoy?”. Según la estación, el 97 por ciento de sus televidentes respondió que se encontraba feliz.

En un ambiente así parecerían sobrar los análisis y la autocrítica. Pero comentarios lanzados al mundo por corresponsales y cadenas internacionales, que apresuran calificativos y conceptos, obligan a la reflexión.

Asegurar que ha empezado el fin de Chávez, que perdió su liderazgo o que en Venezuela se ha producido un terremoto político es caer en la ligereza y no situarse en la realidad.
Los “chavistas convencidos” (que acusan de flojos e inconsecuentes a sus correligionarios que no fueron a votar) exigen al mandatario que inicie un proceso autocrítico profundo y que depure ya su estructura gubernamental.

Vladimir Acosta, catedrático de izquierda, asegura que “el Gobierno está enfermo de burocratismo, ineficiencia, arrogancia y corrupción”.

Considera que la escasez de leche, azúcar, aceite, café y huevos fue una estrategia del empresariado enemigo de Chávez para crearle desprestigio y tender un manto de desconcierto, pero no deja de criticar a los funcionarios del régimen que no fueron capaces de prever que aquello ocurriría y que no tuvieron la creatividad suficiente para encontrar alternativas.

“Existe una corrupción que no se ataca -dice Acosta-. Los tres millones que el domingo no votaron enviaron al Presidente la señal de que ponga fin a estas ambigüedades”.
El filósofo Francisco Rivero, independiente, critica el método de Chávez para llegar al referendo. Aunque la Asamblea convocó a todos los sectores a que aportaran ideas y sugerencias para las propuestas, eso no fue suficiente, dice Rivero.

“No se puede armar una propuesta estructural tan radical a espaldas del pueblo y luego pedirle a ese mismo pueblo que vaya a ratificar algo que no le pertenece. Una constitución se elabora con un mecanismo democrático amplio y participativo que tome en cuenta todas las voces, sensibilidades y opiniones. Solo entonces se la redacta y, con toda seguridad, el pueblo se sentirá dueño del proyecto y lo aprobará”.

En las calles la percepción se complementa: la queja de los taxistas, incluso de quienes creen en su Presidente, es que este no ha sido capaz de hacer lo que más urge: dar seguridad pública a la gente, bajar el nivel de delitos y combatir la violencia armada. Solo en Caracas se produce un promedio de 30 asesinatos diarios de lunes a jueves y 70 entre viernes y domingo.

Otra queja es que Chávez maneja con ligereza y arrogancia su política internacional.
La inflación tampoco se detiene, y el control de divisas es un fracaso. El Gobierno prohíbe desde 1999 el uso del dólar en las transacciones internas pero con esta medida ha generado que el cambio oficial (2.100 bolívares por dólar) llegue hasta 6.000 por dólar en el “mercado negro”. El costo de vida es alto. Un almuerzo en un centro comercial, donde comen empleados y funcionarios, puede llegar a costar 10 dólares promedio.

Un ecuatoriano residente en Caracas, Rodrigo Vargas, afirma que llegó hace diez años, uno antes de que asumiera Chávez, y que entonces podía enviar mensualmente a su familia en Catarama (Loja) unos 400 dólares. Ahora le toca comprar la divisa clandestinamente y solo puede enviar 100 dólares, sin contar que le cuesta unos 50 más el trámite.

Teodoro Petkoff, ex guerrillero y periodista, tenaz adversario del Presidente, sostiene que la oposición interna y los enemigos externos nunca deben olvidar que Chávez sabe moverse en aguas conflictivas. Al admitir su derrota, el propio mandatario recordó su emblemática frase cuando falló el proyecto de golpe contra Carlos Andrés Pérez: “No pudimos, por ahora”.

Todavía quedan cinco años de gobierno. El Presidente controla todas las instituciones estatales y puede dar golpes de timón a sus políticas sociales. Así que parece muy temprano para concluir que Chávez ha empezado un camino sin regreso hacia su extinción política.

La oposición aún no puede
organizar un frente sólido

Fortalecida con el triunfo sobre Chávez, la oposición no puede todavía ser considerada una fuerza orgánica y monolítica.

Dos de sus figuras aparecieron ayer con propuestas diversas, no coordinadas, y eso ya generó confusión.

El general Raúl Baduel (ex ministro de Defensa y ex hombre de confianza de Chávez) hizo un llamado a que se convoque a una Asamblea Constituyente para “reestructurar el Estado y devolver a Venezuela la plena democracia”.

Ismael García, del movimiento Podemos (socialdemócrata), pidió a Chávez tender puentes y buscar la manera de que algunas de las reformas propuestas, por ejemplo dar seguridad social a todos los ciudadanos sin distingos de ninguna clase, se las concrete “de a poco, en unos dos años”.

Los universitarios, que jugaron un rol histórico para el triunfo del “No”, tampoco tienen claro cómo articularán sus proyectos, aún incipientes e imprecisos, a los del ex candidato presidencial Manuel Rosales, vinculado con los viejos partidos, o del grupo Primero Justicia, una ONG que se ha ido fortaleciendo hasta convertirse en movimiento político. Y pese a los llamados de sectores chavistas y antichavistas a “dialogar por el bien del país”, el primer obstáculo tanto de la oposición como del oficialismo parece ser no tener claro qué es lo que quieren.

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