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:: Migrantes mueven mas de $ 200 millones por Navidad

No vienen de traje rojo y blanco, aunque algunos sí son un tanto fortachones, y son escasos los de abundante barba y cabellera canosa, pero traen más regalos que los atribuidos al mítico Papá Noel.

En Europa y Estados Unidos se inicia la travesía en aviones repletos de regalos y dinero. Son ecuatorianos, migraron en busca de mejores oportunidades, unos 70 mil de ellos; según apuntan los datos de la Dirección de Migración, se prevé que regresen por la temporada navideña, cada uno con un promedio de $ 2 mil para gastos.

El olor del billete verde que cargan los migrantes se expande cual espíritu navideño y llega hasta las cajas de agencias de envíos, locales comerciales, restaurantes, importadoras de vehículos, oficinas de couriers y correos, vehículos de alquiler, vendedores ambulantes, hoteles... Alrededor de unos $ 200 millones es el movimiento económico que generan los miles de migrantes en este mes.

Al margen están otros ingresos y los más de $ 60 millones que dejan en el exterior por la compra de boletos aéreos, pago de impuestos, exceso de equipaje y otros servicios.

Cada ecuatoriano viene con un promedio de $ 2 mil para la estadía, regalos, paseos y las fiestitas, menciona Jorge Suárez, directivo de la Asociación de Agencias de Viajes del Guayas. Partiendo de datos del 2006, 64.205 ecuatorianos llegaron a los aeropuertos de Guayaquil y Quito con unos $ 128 millones en sus bolsillos, el agitado movimiento en oficinas de correos y couriers registró más de $ 440 mil por impuestos.

En el jugoso pastel también ingresan las remesas navideñas que en el trimestre de ese año se incrementaron en unos $ 50 millones. La suma en este periodo rebasa los $ 180 millones y las proyecciones para el presente superan los $ 200 millones.

En este trineo el migrante está como en el centro de una telaraña, donde una cadena de beneficiados se teje a su alrededor, desde el vendedor ambulante hasta las aerolíneas, las encargadas de transportar a los migrantes a sus destinos.

Por estos días los aeropuertos internacionales de Guayaquil y Quito se convierten en un corazón de ritmo cardiaco acelerado por el flujo incesante de personas y maleteros que pululan en busca de una propina del generoso migrante.

En aquel ambiente acelerado, seres con cuellos extendidos como jirafas, de cuyos rostros quieren saltar los ojos, clavan la mirada en el mismo pasillo de la terminal aérea por donde han atravesado, perdidos entre equipajes y regalos, más de 26.000 migrantes entre noviembre pasado y la primera semana de este mes, revelan cifras de la Jefatura de Migración del Guayas.

Las aerolíneas que hacen el papel de trineos se disputan los codiciados y costosos cupos. La estrategia entra en juego para atraer a los migrantes como Iberia, por ejemplo, que por la alta demanda incluye en su flota a aviones aerobús 600 de mayor capacidad. Es ecuatoriano el 75% del total de viajeros que hicieron sus reservas con meses de antelación, dice su gerente en Ecuador, Tomás Muñoz.

En la capital española, la mayoría de compatriotas reservó ese cupo con mucha anticipación. El grueso de los pasajes adquiridos en Viajes Dexiabel, por ejemplo, se obtuvo hace seis meses. Ante la demanda de asientos para el ansiado vuelo, las tarifas alcanzan precios que llegan hasta los $ 4.350.

Tras el arribo, el aeropuerto es la primera parada del migrante que llega perdido entre equipajes y regalos. Los dólares se van desprendiendo de sus bolsillos conforme pisa suelo nacional. Algunos de los locales se quedan con los primeros de ellos. En los sillones masajeadores de Spa Express familiares de migrantes pagan un dólar por el servicio en el local que atiende a más de 100 personas cada día.

Al cruzar los pasillos de arribo internacional los maleteros se percatan de su presencia, los rodean y ofrecen su ayuda a cambio de una propina. “Algunos dejan algo”, dice Christian Velasco, uno de los 32 que laboran en arribo internacional.

A los taxistas de la terminal aérea les resulta apática su presencia porque la mayoría de los migrantes tienen vehículos propios o contratan furgonetas.

En efecto, estos automotores que también hacen de trineos aguardan al migrante. Los propietarios ven como una bendición el negocio temporal.

Napoleón Crespo ha realizado tres viajes a Bucay con migrantes procedentes de España en las dos últimas semanas. Están dos pendientes, dice, mientras espera a otro viajero también procedente de España, la tarde del sábado pasado.

Xavier Solís se muestra contento esa tarde. Fue contratado por $ 200 para llevar a una familia residente en EE.UU. hasta Cuenca. El pequeño automotor se ve repleto de sonrientes viajeros, maletas y obsequios.

Aquel día, el entorno caluroso sofoca a Luz Arias, una de las viajeras. Sudorosa, cargaba sobre su espalda a su nieto Cris Arias, de 2 años, con el ambiente navideño en sus venas cual Papá Noel ofrece al equipo de este Diario un pequeño bulto de billetes de un dólar, ante la negativa, no insiste y dice que solo era una muestra de cariño.

En la compañía de transportes Rabbit la llegada de los migrantes es esperada para los viajes fuera de la ciudad y ofrecen un servicio de lujo principalmente a Cuenca, Quito y Manta.

Pero no solo los parientes están felices de ver a los migrantes, su presencia también es esperada entre los comerciantes.

Gran parte del dinero que trae el migrante se queda entre los locales comerciales de la Bahía donde el incremento de las ventas se acentúa por los temporales consumidores.

Este ambiente se siente desde hace unos tres años, expresa con satisfacción Ángel Chango, presidente de la Asociación Joaquín de Olmedo, que acoge a unos 59 comerciantes. El 60% de los clientes es migrante y las compras “son voluminosas”.

En uno de los seis locales de Eko fashion, donde se vende ropa, se necesita personal. Por lo menos unas 50 chicas, dice Leticia Idrovo, empleada de uno de esos, tras afirmar que el mercado es más movido en esta época y el dinero de los migrantes contribuye a ello.

El grueso de la lista de regalos del migrante se queda en los locales de línea blanca. Del fajo verde se desprenden con facilidad los dólares billete tras billete. Johnny Jara lo sabe; por ello, entre los vendedores que dependen de comisiones por ventas, dice que hay un trato especial hacia los recién llegados.

No solo es la venta, sino también la propina. Jara, quien labora en un almacén en la Bahía, recibió $ 10 por la atención tras vender un televisor plasma de 42 pulgadas, cuyo valor de $ 3 mil fue cancelado en efectivo por un ecuatoriano residente en Barcelona que lo compró para regalárselo a su madre.

Las compras son en grande, señala, al comentar que otra joven, también procedente de España, adquirió un combo para su madre por $ 1.800.

Las ventas se incrementan en el 100% y los migrantes ayudan muchísimo en la economía en estos meses, afirma Hugo Alvarado, presidente de la Asociación Paquisha, que la integran 150 comerciantes de electrodomésticos, ropa y juguetes.

La llegada de miles de migrantes cargados de dinero colabora para un ingreso extraordinario de recursos en dólares en la economía de los ecuatorianos porque los mecanismos para que entren esos dólares al país son restringidos, dice el analista económico Galo Cabanilla.

Argumenta que en el país no se imprime papel moneda y los dólares solo ingresan por las exportaciones, los impuestos y por las remesas, en particular desde Europa, por la alta cotización del euro respecto al dólar.

“La Navidad del migrante significa también la Navidad para todos porque gracias al dinero que traen para compras ayudan a todos”, dice Ángel Chango comerciante de ropa en la Bahía.

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