:: La ciudad trabaja pese a la lluvia
Con un pequeño paraguas de vivos y variados colores, Delia León se protegía ayer de la lluvia mientras se dirigía a su lugar de trabajo, un centro de asistencia médica y social ubicado en Letamendi y Noguchi, al sur de la ciudad.
Antes de trasladarse a su lugar de destino, la joven mujer, madre de tres hijos, rezaba para que la precipitación amainara.
Así lo confesó minutos antes de salir de su casa a la carrera hasta uno de los paraderos ubicados en la avenida Isidro Ayora, en el norte de Guayaquil, por donde circula una de las líneas de transporte urbano que la acercan a su lugar de trabajo.
Su prisa se debía a que además de las molestias que ocasionan las lluvias, entre ellas llegar mojada al trabajo, se produce un mayor congestionamiento del tránsito y podía llegar atrasada.
Más adelante, en las afueras de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, que funciona en la planta baja del edificio del Ministerio del Litoral, en la avenida Francisco de Orellana, el vendedor informal Wilson Criollo exhibía en su mano derecha los forros plásticos para cubrir pasaportes, mientras que con la izquierda sostenía un paraguas para protegerse de la lluvia.
De igual forma, en la esquina de las avenidas Rodolfo Baquerizo Nazur y Francisco de Orellana, dos hermanos de 10 y 8 años de edad hacían malabares en la calle para luego pedir una ayuda económica a los conductores, aunque lucían completamente empapados.
Al igual que los casos citados, la mayoría de guayaquileños debe salir a desarrollar sus actividades cotidianas a pesar de las constantes precipitaciones que caen sobre la ciudad.
Pero también hay excepciones. Zoila Padilla Ubillús, quien habita en Sauces V, ayer prefirió esperar en su casa hasta que la lluvia amainara un poco. “Cuando eso suceda iré al colegio y en todo caso me quedaré hasta la noche para compensar las horas perdidas”, explicó.
Se refería no a un centro de estudios, sino a la sede del Colegio de Ingenieros Civiles del Guayas, en la ciudadela La Garzota, donde presta sus servicios.
En esa oficina gremial también labora su compañera Sara León, quien habita en la cooperativa de vivienda Santiaguito Roldós, en el sur de la ciudad.
Según León, para salir al trabajo durante la época de invierno tiene que usar botas de caucho hasta la rodilla o, en su defecto, esperar la hora en que su esposo salga con el carro.
Una situación más crítica se vive en los sectores populares del norte de Guayaquil, especialmente en aquellos asentamientos informales donde no existe alcantarillado y las calles permanecen anegadas.
Uno de ellos es el conocido como Valle de los Geranios, donde predominan el agua y el lodo acumulados en las vías.
María Tenecela, propietaria de una tienda del sector, se quejó de la situación, pues dijo que los moradores tienen dificultades incluso para salir de compras en el sector de Montebello.
Problemas similares se presentan más al norte, en Balerio Estacio, El Fortín, Fortín de la Flor, Nueva Prosperina y Los Vergeles, donde priman las condiciones de insalubridad.
Adicionalmente, el canal que circunda la ciudadela Mucho Lote permanece lleno de basura y monte, por lo que sus moradores temen su desbordamiento.
Según un reporte emitido por Raúl Mejía, coordinador del Centro Regional de Predicción y Estudios Meteorológicos y Climáticos, en Guayaquil la zona más afectada con las lluvias durante las últimas 24 horas ha sido la del aeropuerto José Joaquín de Olmedo (norte).
Anoche, por efecto de las lluvias, un muro de contención se derrumbó al pie de la avenida Morán de Buitrón, en el cerro Santa Ana. La vía quedó obstaculizada. El hecho, ocurrido alrededor de las 18:30, provocó un gran susto a los moradores del sector.


