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:: Un recorrido por el Guayaquil de Julio Jaramillo

El 1 de octubre de 1935, cuando nació en Guayaquil Julio Alfonso Jaramillo Laurido, era imposible saber que había surgido el cantante que interpretaría las alegrías, amores y tristezas de todo el pueblo hispano. Dos años antes había nacido su hermano mayor, Pepe Jaramillo, también cantante.

El padre de ambos fue Juan Pantaleón Jaramillo Erazo, obrero marmolista, que murió en un accidente de trabajo cuando Julio tenía 5 años. Su madre fue la auxiliar de enfermería, Apolonia Laurido Cáceres.

Cuando conversamos con ella en 1985 recordó que a Julio le pegaba en la boca para quitarle la idea de ser cantante, pues relacionaba la actividad con la bohemia.

Pese a ello, el primer juguete de Julio fue una guitarra de palo que aprendió a tocar con Toapanta, músico vecino del barrio en las calles Brasil y Coronel.

De joven trabajó como zapatero, pero sabía que lo suyo era el canto. Su primer éxito fue en un programa en Radio Cóndor.

Cuando la aguja del viejo tocadiscos navega por los surcos de Mis Mejores Boleros, la voz de Míster Juramento me remontó al caluroso febrero de 1978 en víspera del carnaval. El lunes 6 de ese mes, Diario EL UNIVERSO informa a dos columnas: Se halla de gravedad cantante JJ, pero es el viernes 10 cuando los canillitas gritan: anoche murió JJ.

Falleció a las 21:20. Sobre la ciudad caía una llovizna. Las emisoras interrumpieron su programación y empezaron a tocar sus 5 mil canciones. Su voz y la fatal noticia inundaron al país. El sábado 11, los titulares de los periódicos expresaban: Adiós a JJ; Guayaquil despidió a su ídolo; y Un nuevo mito de la canción popular.

POR EL GUAYAQUIL DE JJ
Algunos lugares que frecuentó Julio Jaramillo aún están en pie como El Rincón de los Artistas, en Esmeraldas 2632 y Gómez Rendón. Ebrio de pasillos y boleros lo fundó el capitán de la bohemia guayaquileña, Pedro Manuel Espinoza Martínez, quien falleció en 1998; ahora administra el lugar su hijo Culbert Espinoza.

Años atrás Pedro Espinoza refirió: “Este fue el primer lugar donde se venía a hacer y a escuchar música”. Los primeros artistas en arribar allí fueron Lucho Bowen, Olimpo Cárdenas y otros. Atendía desde las 20:00 hasta el amanecer, preparaba un trago con aguardiente, cola y limón que vendía por botella a los clientes.

El sitio, cuyas paredes están tapizadas de recuerdos con fotos de personajes de la farándula y frases grabadas, era punto de encuentro de artistas y público que venían de las funciones de las emisoras radiales y teatros.

En el lugar aún llama la atención una escrita sobre el quicio de una puerta de uno de los reservados: “Aquí cantaba Julio Jaramillo”.

Esto, a confesión del capitán, es una muestra de que en el sitio se inició JJ, que una vez famoso seguía visitando El Rincón. “Siempre fue un excelente amigo. Julio trajo a muchos artistas extranjeros, entre ellos, Nelson Pinedo, Juan Ramón, a los Embajadores Criollos. Cuando murió tuve la bandera tres días a media asta”.

Pero en ocasiones, cuando cerraban El Rincón, la clientela acudía a La Mamita (Machala y Luque) o a La Lagartera, en Lorenzo de Garaycoa desde Luque hasta Colón.

Allí también se congregan músicos bohemios y otros noctámbulos. La mayoría se sitúa en la esquina de Sucre, al lado de comedores que ofrecen platos típicos hasta el amanecer.

Los trovadores esperan en el lugar, mientras arriban los clientes que van a contratarlos para serenatas, fiestas y otros eventos.

Eran los tiempos cuando una serenata costaba entre 30 a 45 sucres; actualmente un trío cobra entre 50 a 70 dólares por interpretar tres canciones.

Siguiendo por el pasillo de los recuerdos, Pablo Ulloa Figueroa, que desde 1952 publica la revista Cine Radial, cuenta que en esos años el Costa, soda bar ubicado en Nueve de Octubre y Boyacá, era otro albergue de artistas, empresarios y hasta periodistas. Ahí paraba Julio Jaramillo, pues era fanático del cebiche de camarón del sitio, y una de sus mujeres, la bailarina Blanquita Garzón, quien, dice Ulloa, “era una buena chica”.

En junio del 2007, el cantante y compositor Carlos Rubira Infante recordó que primero conoció a Pepe Jaramillo, luego a Julio que laboraba en una zapatería. Después el novel cantante acudía a casa de Rubira para que este le enseñara algunas canciones. “Julio cuando nació en lugar de llorar salió cantando –aseveró Rubira Infante–. Han habido excelentes cantantes, en la Sierra, por ejemplo, Luis Alberto Valencia del dúo con Benítez pero Julio Jaramillo es incomparable”.

El año anterior cuando murió Pepe Jaramillo fue velado en el auditorio Julio Jaramillo de Radio Cristal. A la ceremonia llegó, desde Barcelona, España, su hermana por parte de madre, María Antonieta Jiménez Laurido, quien al describir el carácter de sus hermanos afirmó: “Julio era más alegre y extrovertido que Pepe, al que era difícil sacarle las palabras”.

Se calcula que Julio Jaramillo grabó más de 5.000 canciones, cifra récord para una vida artística de tan solo 23 años. Alfredo Enderica Negrete, el cuarto mayor coleccionista de grabaciones del artista a nivel mundial, asegura que en México, Míster Juramento llegó a grabar diez long plays en una semana porque necesitaba dinero.

A criterio de Enderica, la magia de JJ radica en que no cantaba con la garganta sino con el corazón y el cerebro, además de su buen registro de tenor y carisma en el escenario. La única diferencia era que fue un mal administrador, a pesar de que negociaba excelentes contratos. “Siempre acostumbrado a conquistar mujeres”.

Expresa que cuando se presentaba en Chile, afuera de los teatros su público formaba hileras de dos cuadras. “Claro, decían algunos, todas son empleadas domésticas, es la voz de las cocineras. Por ahí comenzó él y también otros ídolos. Ahora Julio Jaramillo también gusta a la high life por moda”, dice Enderica.

Con estas anécdotas, transcurridos 30 años de la desaparición de Julio Jaramillo, sus principales admiradores y demás seguidores afirman que sus éxitos aún se escuchan con la misma frecuencia de antes.

La noche del 9 de febrero de 1978 cuando Julio Jaramillo dejó de respirar, su voz y sus canciones lo volvieron inmortal en el tiempo. JJ está vivo.

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