:: Galapagos se vale del soplo del viento para generar electricidad
Como tres celosos guardianes, parece que velaran por la tranquilidad de la isla San Cristóbal, en Galápagos, desde lo alto del cerro El Tropezón. Aunque su estructura metálica y color plomo rompen con el entorno natural, su sola presencia atrae la atención.
Por estar en un sitio a 670 metros de altitud, a 2 km de distancia ya se los puede ver sobresaliendo entre la vegetación. Se levantan en los terrenos de Tito Cobos, un colono dedicado a la cría de ganado, que están cubiertos por bosques de las nativas escalecias (árbol de la familia del girasol, aunque no guarda ningún parecido).
Pero su importancia va más allá de lo paisajístico. Los tres aerogeneradores, hoy son un estandarte para la iniciativa de liberar a Galápagos del uso de combustibles fósiles. La propuesta fue presentada por el Gobierno el lunes.
La principal justificación de Luis Vintimilla, gerente de la Compañía Eólica San Cristóbal, es ayudar a conservar este patrimonio natural. Se evitará la emisión de 3 000 toneladas anuales de dióxido de carbono (CO2) y se reducirá en 300 000 galones anuales el consumo de diésel para generar electricidad.
Con estos molinos, de 80 metros incluidas las aspas y cuyo tamaño es de un edificio de 30 pisos, se aprovecha la fuerza del viento para generar electricidad. La tarde del jueves 14, una brisa de rato en rato se convertía en viento que hacía rotar las aspas. Mas la explicación de José Jara, técnico de la empresa española Made, es de que cuando el soplo supera los 4 metros de velocidad por segundo, se da paso a la generación.
Los mejores vientos (de hasta 30 m/segundo) en la zona de El Tropezón, al este de la isla, soplan de mayo a diciembre. Eso permite aprovechar toda la capacidad instalada de 2 400 kilovatios (kW) con los tres aerogeneradores.
Esa generación reemplaza el 50% de la demanda de los 7 000 habitantes de San Cristóbal. Entre enero y abril baja la fuerza, por lo que se juega con energía eólica y de diésel, lo que implica no descartar del todo a esta última.
La zona donde está El Tropezón se caracteriza por una pequeña cadena de elevaciones y valles que favorecen a las corrientes de viento. Incluso al principio, se escogió al cerro San Joaquín, donde hay promedios anuales de 9 m/s.
Pero pudo más la conservación ambiental. Este es un sitio de anidamiento y de ruta de vuelo del petrel de Galápagos (ave local en peligro de extinción). Tras un estudio de impacto ambiental del E8, Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin, se escogió a El Tropezón, ya que allí no hay riesgo, aunque el viento baja a un promedio de 7 m/s anual.
En el plan de manejo ambiental del proyecto se contempló la preservación de especies de fauna y flora. Además, se utilizan métodos específicos para minimizar los impactos como llevar la línea de transmisión bajo tierra en un tramo de 3 km. Así se evita afectar a aves como el petrel, fragatas, pinzones... que se ven volar por la zona. También por 20 años se mantendrá un programa de monitoreo 1 km2 a la redonda para detectar si alguna ave fue impactada por las aspas. En los primeros seis meses no se registró ningún caso.
El financiamiento
La inversión alcanza los USD 10 millones y el período de vida útil es de 20 años. El E8 (asociación de empresas eléctricas de los países del G8) donó 65%, el resto es local.
A la Empresa Eléctrica Galápagos le cuesta 17 centavos kW/h la producción con diésel. Pero con la eólica baja a 12 centavos el kW/h.
Hay un fondo para mejorar el hábitat del petrel. Se eliminará a los depredadores: ratas y gatos silvestres que se comen a los pichones y huevos.


