:: El fenomeno "Obamanía" invade a Estados Unidos
Nació en el 2004 como el nuevo John F. Kennedy, con una capacidad de oratoria que hasta sus adversarios políticos envidian y reconocen como brillante.
Las masas, trascendiendo color, género, clase social y edad, han venido en multitudes hacia él como si se tratara de la más legendaria estrella de rock, de un enviado o de un líder de un movimiento revolucionario de almas.
Así se analiza estos días al fenómeno Barack Obama que amenaza con dejar a la vera del camino a la otra candidata demócrata, Hillary Clinton, en tiempos donde, como dice Jon Klein de la revista Time, “Bill y Hillary Clinton son el pasado y la frescura (la juventud) se ha vuelto un fetichismo”.
“Esta campaña no puede ser sobre mí”, dijo Obama hace un año cuando anunció su candidatura. Pero “esta campaña es completamente sobre qué maravillosa es la campaña de Obama, sobre su capacidad de inspirar y ese amorfo deseo de cambio”, escribe Klein, quien reconoce que esa habilidad espontánea del candidato para exhibirse de un día para otro es para cortar la respiración. Los analistas advierten el riesgo de convertir su candidatura en un culto a la personalidad y eso, dicen, no es bueno para la democracia.
‘Obamanía’ es el movimiento de ruptura generacional en la vida política de Estados Unidos. El país empieza a dar señales de que si al final de esta electrizante carrera electoral llegara Clinton a ganar la nominación, lo pensaría dos veces antes de votar en noviembre por la ex primera dama. “Así se supone que no funciona la democracia”, advirte Paul Krugman en The New York Times.
“Mucho del veneno estos días lo veo que viene de quienes apoyan a Obama, quienes quieren a su héroe o a nadie. No soy el primero en alertar que la campaña de Obama peligrosamente se está convirtiendo en un culto a la personalidad”, puntualiza Krugman.
En efecto, en Internet desde que Obama experimenta un impulso no esperado se viene hablando de esa fascinación excesiva que corre el riesgo de convertir al carismático candidato en un líder infalible y si Clinton al final se impone, “especialmente para los jóvenes será devastador”, dice Amy Holmes, estratega política republicana.
Para Shelby Steele, quien acaba de publicar el libro sobre el fenómeno Obama y por qué al final no logrará ganar, señala: “Obama es el primer negro que dice a los blancos ‘los voy a tratar a ustedes como que no son racistas y les voy a pedir a ustedes que no me traten como a un negro. Véanme solo como a un individuo’. Y los blancos muestran gratitud y afecto y hasta piensan que él está brindando la redención”.
Su idea de que el racismo no es más un problema individual en esta campaña le cuestionan los intelectuales negros. “Solo hay dos sitios donde encontramos un 90% de igualdad: en el campeonato de la NBA y en las cárceles”, dice Glen Ford, comentarista negro.
Esas críticas puntualizaciones al candidato por su ceguera en el tema racial, sin embargo, no llegan a la comunidad negra que abrumadoramente le da el voto. Así acabó con un feudo que hasta hace algunas semanas los Clinton consideraban suyo. Su estribillo de campaña “Sí se puede” se volvió un video que recibe a diario miles de visitantes en YouTube.
Obama, ese cilindro de compresión política mediática, tiene a la mayoría de medios de comunicación a sus pies. Excepto The New York
Times, el resto le ha dado su respaldo público. Y aunque se sabe que este tipo de apoyo no inclina la balanza, por hoy sirve para que Obama esté en la cumbre.


